Macroterremotos hace 40 años

HORA 14

Por Mauricio Conde Olivares

El día del terremoto, 19 de septiembre de 1985, comparecía ante el Senado de la República, mí jefe, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Daniel Díaz Díaz, quien había surgido a la palestra política del Gabinete desde la tercera posición de la dependencia, la “subsecretaría C” pues Rodolfo Félix Valdés, anterior secretario se había lanzado en pos de la gubernatura de Sonora.

En mí calidad de Jefe de Información tenía el deber de preparar con antelación el mensaje político y primer discurso del titular del Ramo, previo filtro de censura el día anterior por parte de Comunicación Social de Presidencia de la República. También solicité el equipo humano y material para la cobertura de prensa, radio y televisión, ayudantía y edecanes con estenógrafos aportados por Estado Mayor Presidencial, teníamos preparados los comunicados de prensa de la comparecencia ante el Legislativo; en un ejercicio idéntico al que habíamos hecho semanas antes ante la Primera Asamblea Legislativa de la ciudad de México.

Desde las 07:00 horas en la explanada del Centro SCOP, sede de la SCT, en la esquina de las avenidas Xola y Eje Central, estaba los reporteros, camarógrafos y fotógrafos de casa para cumplir su tarea, se retrasan porque uno de ellos llega tarde y tiene las llaves del Staff de televisión donde está el equipo.

En la planta baja del Centro SCOP está una escuela primaria, entran los alumnos a las 08:00 horas y muchos están con sus madres en alguna oficina de la dependencia, incluso con los elevadoristas, pues la mayoría ingresa a las 07:00 horas.

Al momento del terremoto se desploma el séptimo piso del edificio principal y sus restos caen a un costado de la explanada donde está la camioneta de prensa, imposible moverla; arriba quedan atrapados por los escombros varios empleados, entre ellos uno de Comunicación Social que apareció muerto bajo una trabe cuatro días después, al final se contabilizaron 21 compañeros muertos y 9 niños, sus hijos que en esa ocasión ya no alcanzaron a entrar a clases.

El edificio adjunto, la Torre de Telecomunicaciones, era uno de los más modernos edificios de la ciudad de México, construido sobre pilotes hidráulicos alberga la columna vertebral de las comunicaciones del país, por ella corren los mensajes de la Red Federal con las instrucciones de los conductores del gabinete presidencia, gabinete ampliado y de seguridad nacional; también las señales de datos, voz y video que usufructúa el sector privado, tiene autosuficiencia energética y con el terremoto toda esa tecnología falló.

En su azotea, la Torre de Telecomunicaciones tiene cuatro grandes cubetas de ácido que conforman las baterías en cuya reacción se crea el arco de voltaje, pero el vaiven del edificio por el movimiento telúrico tan fuerte las desborda y comienza a corroerse el contenedor. El acido se desparrama e incendia los últimos pisos, las antenas receptoras y transmisoras de señales quedan inservibles y cesa la transmisión al Centro de Control Satelitelal (CONTEL). Queda en silencio la señal de Petróleos Mexicanos, Teléfonos de México, Bolsa Mexicana de Valores, sistema bancario y otros que significan la actividad económica principal del país.

El terremoto había derrumbado la antena transmisora de Televisa, se pierde la Larga Distancia Telefónica y un altísimo porcentaje de la telefónica local; más allá del centro del país el daño abarca el puerto de Lázaro Cárdenas en Michoacán.

Para el resto del país la ciudad de México había sucumbido, no había señal de televisión y en CONTEL los 24 científicos mexicanos que controlaban la ubicación y servicios del Satélite Morelos (debía estar siempre en un rombo imaginario de 3 kilómetros para ser funcional)  resolvían el problema de la incomunicación con la Torre de Telecomunicaciones.

Sin Televisa al aire, transmitía desde el Cerro del Ajusco Imevisión, hoy TV Azteca, en la calle los reporteros de Televisa como Jacobo Zabludovski hacen mancuerna con los del Ajusco y transmiten en vivo.

Hacia las 14.00 horas, un técnico del Instituto Politécnico Nacional que hacía sus prácticas en CONTEL les propone una cosa muy sencilla: “denme al menos 200 metros de cable coaxial y les tengo la señal de televisión”.

Compraron el material, el politécnico caminó de CONTEL al vecino fraccionamiento de Infonavit en Iztapalapa que también se llama CONTEL y comenzó a tocar puertas, en una de ellas, una señora de la tercera edad está viendo Canal 13 y la convence de que le permita conectar su cable a su antena de conejo del televisor, lo saca por la ventana y comienza a desenredarlo rumbo al centro de control del satélite.

Los científicos nacionales entonces tuvieron que buscar en el sofisticado equipo que se le pagó a la NASA donde hacer la conexión y nuevamente ingresar la señal televisiva, misma que tres imponentes antenas subieron al Morelos para que de ahí bañara a todo el territorio del país, y entonces pudiera apreciarse la magnitud del desastre, hoy hace 40 años.

Como ese héroe desconocido que consiguió la reanudación de la transmisión de la señal de televisión desde el Distrito Federal a todo el país, hubo cientos, miles, que hicieron de la solidaridad una bandera.

mauricioconde59@outlook.com

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