Inaugura Claudia Sheinbaum Puente Nichupté

HORA 14

Por Mauricio Conde Olivares

Quintana Roo alcanzó la calificación crediticia más alta de su historia al subir de mxAA- a mxAA, de acuerdo con la agencia calificadora internacional Standard & Poor’s (S&P), que además lo ubica como la entidad con mayor independencia financiera a nivel nacional entre los estados evaluados, informó la gobernadora Mara Lezama Espinosa.

La titular del Ejecutivo destacó que, en su más reciente informe emitido el 28 de abril, la calificadora internacional también posicionó a Quintana Roo como la cuarta entidad con la mayor calificación crediticia entre los 12 estados que son calificados por S&P, fortaleciendo la percepción de estabilidad y confianza en su manejo financiero, resultado de un gobierno honesto, transparente y que combate la corrupción.

El reporte atribuye esta mejora a un cambio estructural en la gestión de las finanzas públicas, caracterizado por la ausencia de contratación de nueva deuda, el control de pasivos con proveedores y niveles de liquidez superiores a los observados en administraciones anteriores, agregó Mara Lezama.

Asimismo, S&P destacó el crecimiento sostenido de los ingresos estatales, impulsado por una reforma fiscal aplicada con enfoque social, así como por acciones de fiscalización y un entorno económico favorable, factores que consolidaron la autonomía financiera del estado bajo principios de transparencia y combate a la corrupción.

La agencia también subrayó la ejecución de un gasto público con criterios de eficiencia, transparencia y rendición de cuentas, en línea con un modelo de gobierno honesto que prioriza programas sociales de alto beneficio y bienestar para los quintanarroenses, así como el impulso a proyectos de inversión pública orientada al desarrollo económico sostenible.

En paralelo, Standard & Poor’s confirmó en nivel mxAAA la calificación de los siete créditos que integran la deuda de largo plazo del estado, la más alta otorgada por la firma, lo que indica una alta capacidad de cumplimiento en sus obligaciones financieras.

Este avance en la calificación crediticia refuerza el atractivo de Quintana Roo para la atracción de nuevas inversiones nacionales e internacionales, al proyectar un entorno de solidez, estabilidad, disciplina fiscal y certeza institucional basada en prácticas transparentes.

Por otra parte, le informo que este sábado 2 de mayo fue inaugurado por la Presidenta Claudia Sheinbaum el puente lagunar Nichupté, al respecto la gobernadora Mara Lezama anunció, durante el programa “La Voz del Pueblo”, la apertura de inscripciones para participar en la carrera Run Social sobre el puente Nichupté del mismo día de la inauguración.

El registro se hizo en el portal registropuentenichupte.com, para esta carrera recreativa de 5 kilómetros, según informó la Gobernadora.

El domingo 3 de mayo fue la otra Carrera Puente Nichupté Cancún 2026, de 5 o 10 kilómetros, con 3 mil participantes y una bolsa de premios por 140 mil pesos en efectivo a los primeros lugares con tiempos oficiales.

Para que nadie se quedára sin participar en la ceremonia inaugural del puente Nichupté, es que la gobernadora Mara Lezama abrió una nueva carrera, la Run Social que fue la del sábado 2, a partir de las 4 de la tarde, misma que contó también con todas las medidas de seguridad. La entrada fue por la Bonampak hasta el arco metálico, donde inició el recorrido.

Se pudo correr, trotar, caminar, participar con los hijos, con familiares. “Es una carrera recreativa”, puntualizó Mara Lezama. Para mayor facilidad, hubo estacionamiento en el Colegio Monte Verde, el Tec Milenio y en Tajamar. Al final se realizó el concierto sorpresa de Morat.

A la ceremonia inaugural arribaron la Presidenta Claudia Sheinbaum, la gobernadora Mara Lezama y el tirular de la SICT, Jesús Antonio Esteva Medina, en bicicletas para dar comienzo a esta verdadera verbena popular, en la que hubo miles de asistentes.

El puente es un proyecto que inició el presidente Andrés Manuel López Obrador. Tiene 8.8 kilómetros sobre la laguna, es el más largo de América Latina y a lo largo de su construcción, casi 4 años, ha generado más de 50 mil empleos. Se construyó con tecnología top-down y sobre él pasarán más de 12 mil vehículos diarios, con una reducción de 45 minutos de la zona hotelera a la zona urbana. Además, desahogará el boulevard Kukulcán.

En otro orden, le comento que el año pasado, la industria alcanzó uno de sus puntos más altos, superando los 2.2 billones de dólares en ingresos globales, de acuerdo con datos de ONU Turismo. El crecimiento es claro, sostenido, incluso resiliente frente a la incertidumbre económica. Pero detrás de esa expansión hay una transformación menos visible y más profunda: la del significado del viaje. Porque si antes viajar era desplazarse, hoy es detenerse.

Durante años, la experiencia turística se diseñó bajo una lógica de acumulación. Más destinos, más actividades, más estímulos en menos tiempo. El valor estaba en aprovechar, en optimizar, en llenar el itinerario. Sin embargo, ese modelo empieza a mostrar un desgaste frente a un viajero que ya no busca ver más, sino entender mejor lo que está viviendo.

Ahí es donde el slow traveldeja de ser una categoría aspiracional para convertirse en una práctica concreta. No como tendencia estética, sino como respuesta a una saturación más amplia: la del exceso de estímulo, de velocidad, de expectativas diseñadas para no detenerse.

En ese contexto, actividades como observar aves, recolectar alimentos o simplemente permanecer en silencio frente a un paisaje dejan de ser periféricas para ocupar el centro de la experiencia. No porque sean nuevas, sino porque responden a una necesidad distinta: la de reconectar.

Ese cambio no es anecdótico. Está respaldado por el comportamiento del consumidor.

Para 2026, el 80% de los viajeros estará interesado en experiencias de bienestar y el 68% priorizará alojamientos cercanos a la naturaleza, según proyecciones de Statista. No se trata de una preferencia aislada, sino de una señal consistente de hacia dónde se mueve el mercado.

Y sin embargo, la industria sigue creciendo.

Esa es la paradoja que define este momento: más viajes, pero menos interés en la saturación.

Euromonitor lo explica como un cambio de lógica: el turismo está entrando en una etapa donde el valor sostenible y la rentabilidad. No se trata de atraer a más personas, sino de diseñar experiencias que tengan sentido para quienes ya están viajando. Ahí es donde el rol de las marcas empieza a desplazarse.

Durante años, la comunicación turística operó desde el espectáculo: mostrar destinos, amplificar experiencias, generar deseo a través de imágenes que prometían más de lo que explicaban. Hoy, esa lógica pierde eficacia frente a un viajero que no quiere ser impresionado, sino entendido.

En la práctica, esto implica un cambio profundo para la industria hotelera.

Durante años, los hoteles compitieron desde atributos visibles: ubicación, amenidades, diseño, servicio. La experiencia se construía como una suma de elementos que debían diferenciarse en un mercado cada vez más saturado. Hoy, esa lógica empieza a quedarse corta frente a un viajero que no evalúa solo lo que se ofrece, sino cómo se siente al vivirlo.

El valor ya no está únicamente en la infraestructura, sino en la capacidad de diseñar experiencias que dialoguen con el ritmo y la intención del huésped. Esto se traduce en decisiones más sutiles, pero más estratégicas: espacios que invitan a la pausa, actividades que no buscan llenar la agenda, propuestas que conectan con el entorno en lugar de aislarse de él.

Para las marcas, el reto deja de ser atraer y se convierte en interpretar.

Como señala Carolina Trasviña, Client Services Director – Travel & Hospitality en another,agencia de comunicación estratégica con importante presencia en LATAM: “Hoy las marcas que realmente conectan son las que entienden que el viajero no está buscando más experiencias, sino mejores. La diferencia está en la capacidad de leer ese momento y diseñar desde ahí”.

Leer ese momento implica algo que la industria no siempre ha priorizado: escuchar. No escuchar en   términos declarativos, sino conductuales. En lo que el viajero elige, en lo que evita, en el ritmo que adopta, en el tipo de experiencias por las que está dispuesto a pagar más. Y ahí aparece otro cambio relevante.

Hoy, una proporción creciente de consumidores está dispuesta a invertir en experiencias con impacto: el 24% pagaría más por voluntariado, el 15% por ecoturismo y el 12% por inmersión cultural auténtica, según Euromonitor. El viaje deja de ser consumo para convertirse en una forma de conexión. Con el entorno, con las comunidades y, en muchos casos, consigo mismo.

En este escenario, hablar de “turismo de escucha” deja de ser una idea conceptual y se convierte en una necesidad estratégica. Porque el viajero no siempre dice lo que busca, pero sí lo expresa en cómo se comporta. En lo que elige, en lo que evita, en el ritmo que adopta.

Las marcas que logran interpretar esas señales no solo diseñan mejores experiencias. Construyen relevancia en un mercado donde la diferencia ya no está en lo que se ofrece, sino en cómo se entiende. En un entorno donde todo puede mostrarse, la verdadera ventaja empieza a estar en saber cuándo no hacerlo. Empero, lo anterior será motivo de otro análisis en posterior entrega de HORA 14.

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